miércoles, 3 de diciembre de 2014
El debate necesario entre la educación física, la cultura física y la actividad física
Tocar el tema de las llamadas “ciencias del movimiento”,
es iniciar una polémica conceptual, disciplinar,
profesional y científica en este campo complejo.
Con este ensayo, abordaremos paso a paso estas dimensiones
del problema. Por ello, primeramente será
importante delimitar la particularidad de cada una
de ellas, para posteriormente entender sus conexiones.
En este trabajo abordaremos dos disciplinas
científicas básicas de las ciencias del movimiento: la
educación física y la cultura física, además un elemento
común de ambas: la actividad física.
La educación física
Delimitar las particularidades y relaciones entre la
educación física y la cultura física no es una tarea
sencilla, porque, apoyándonos en Brooks (1981), la
primera utiliza el conocimiento de otras ciencias, y a
su vez aporta conocimiento que otras disciplinas le
aportan. Este problema aplica a la cultura física como
cuerpo de conocimientos científicos: determinar
sus relaciones con otras disciplinas está bien reconocido,
pero es difícil delimitar su propio objeto de estudio.
En tal sentido, dos conceptos esenciales que
nos ayudarán a comprender la relación mutua entre
la cultura física y la educación física es la interrelación
disciplinar y la relación transdisciplinar. El primer
concepto nos explica la influencia recíproca entre
ambas disciplinas; y el segundo nos explica cómo
un cuerpo de conocimientos surge a partir y a través
de una disciplina.
Según Paz-Sánchez (1987) el objeto de la creación
y perfeccionamiento de las capacidades motoras
se ha vinculado intelectualmente a la educación
física (causa por la cual esta disciplina progresó
teórica y metodológicamente), pero contemplar a la
educación física, a la cultura física y al deporte como
una unidad implica buscar sus propios fundamentos.
En las siguientes líneas observaremos que en estas
definiciones el elemento común es la actividad fí-
sica; por lo que podemos concluir que la actividad fí-
sica es el objeto de estudio de la educación física.
Una característica esencial de la educación física
es la inclusión del “aspecto pedagógico” en la actividad
física (Alurralde, 2003), con lo cual se distingue
de la kinesiología.
En el afán de constituir a las diferentes disciplinas
que convergen en la actividad física O´Farril (2001)
define a la teoría de la educación física como “la
ciencia de los lineamientos generales que determinan
los contenidos y métodos para el desarrollo de
la actividad física como proceso pedagógico organizado
y vinculado al sistema educativo”.
Por otra parte, José María Cagigal (en Alurralde,
2003) define el objeto de estudio de la educación fí-
sica como el “hombre en movimiento y las relaciones
creadas a partir de esa actitud y aptitud” e incluye la
interinfluencia de la educación física con la cultura
(física). En tal sentido, esta definición supera la concepción
etimológica de la educación física como
educación del cuerpo. Es el hombre el que se educa
y es al hombre al que se educa. Ya bien lo señala
Henry (1981, 11), “el centro de atención en el estudio
de la educación física es el hombre como individuo...”
Y siguiendo esta idea, la educación física desde la
perspectiva dialéctica no debe limitarse a la formación
corporal o educación del cuerpo, sino que debe
ser mucho más amplia y comprender la influencia social
e histórica en el proceso educativo (manifestados
en el sistema educativo). Debe comprender có-
mo nos educan para comportarnos ante el menos
fuerte, o el más fuerte, el diestro o el tonto para jugar.
Y aunque tradicionalmente la educación física
esquiva el análisis de estos aspectos velados, ocultos
y queda atrapada en las reglas del juego del poder
en la educación hegemónica, es momento de retomarla
incluyendo “la disposición regulada de los
cuerpos”, según Bourdieu. Por ejemplo, el esquema
de la dominación queda reflejado en las escuelas,
programas o maestros que exigen como obligatorio
el uso de la ropa deportiva y excluyen los juegos populares,
como las canicas, “las escondidas”, etc. (Pedraz,
1997).
Por todas estas razones consideramos que la educación
física no puede ser más amplia que la cultura
física. Ambas son necesarias e indispensables. Pero
desde nuestra perspectiva ambas se complementan
en tanto que la primera la ubicamos como proceso y
a la segunda como producto o resultado.
Pedraz (1997) reafirma esta idea al considerar que
la educación física se constituye por procesos más o
menos intencionales y sistemáticos a través de los
cuales se trasmiten, reproducen o recrean los modelos
de comportamiento y sensibilidad corporal. Los
cuales se concretan en la adecuación a estos rasgos
culturales con sus respectivos recursos técnicos,
ideológicos y emocionales que se materializan en la
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Revista de Educación y Desarrollo, 7. Octubre-diciembre de 2007.inculcación de usos y representaciones del cuerpo y
en la propia construcción del cuerpo.
Esta definición confirma la idea de la educación
como proceso y de la complementariedad entre la
educación y la cultura, que más adelante discutiremos.
Resulta claro que el movimiento histórico es
imposible sin la transmisión activa a las nuevas generaciones
de los avances de la cultura, sin su educación
(Leontiev, 1968). Es decir, la educación transmite
la cultura, y la cultura define el tipo de educación
humana.
La cultura
La inclusión del concepto de “cultura” obedece a
una visión específica. ¿Por qué hablar de cultura física
como eje central y disciplinar básico de nuestro
estudio y no de educación física?
La cultura física en sí es una forma de la cultura
en general con sus características particulares. De
esta manera, el concepto esencial para entender
nuestro tema es el término de “cultura”, la cual está
caracterizada por la idea del proceso de perfeccionamiento,
educación y desarrollo de “lo potencial”, adquirido
y/o asimilado en el hombre y por la capacidad
del ser humano por el automovimiento (PazSánchez,
1987).
Según Pedraz (1997), para Taylor el concepto de
cultura incluye conocimientos, creencias, artes, moral,
leyes, costumbres y cualquier otra aptitud o há-
bito adquirido por el hombre en tanto que miembro
de la sociedad. Habría que agregar también los objetos
materiales de la creación humana y los productos
simbólicos.
Susser (1982) concibe la cultura como el modo
particular de conducta (física o mental) de las personas;
los patrones de conducta aprendidos como, por
ejemplo, el lenguaje, las actitudes, las habilidades,
etc., que denotan el estilo de vida y el contenido de
las relaciones sociales.
La cultura debe ser entendida como una categoría
concreta universal y concreta histórica, al mostrar
en su unidad la relación activa de la práctica material
del hombre como sujeto histórico. Y este es el
camino de investigación que se tiene que recorrer
desde esta perspectiva. En este camino comprendemos
que la conexión entre las categorías de cultura
y de cultura física es que la cultura nace como un
factor decisivo en la formación de capacidades, actitudes,
en la conformación de la personalidad del individuo,
en la elevación y perfeccionamiento de sus
aptitudes físicas y sus capacidades motoras (PazSánchez,
1987).
Si entenderemos por cultura todo lo mencionado,
debemos de partir de elementos más generales: La
cultura es todo proceso y producto humano que rebasa
los límites individuales de lo biológico. Para ser
más claros debemos diferenciar a la cultura como un
proceso- producto propiamente humano, porque los
animales no incorporan la experiencia social e histó-
rica de su especie a diferencia de los humanos. Ya lo
refiere Leontiev (1968), mientras que los animales
están determinados por factores biológicos y genéticos
en la organización de su agrupación, el ser humano
organiza su congregación social y su cultura a partir
de las condiciones históricas vividas.
Desde esta perspectiva de la dialéctica materialista,
el análisis de la cultura física se rige por las leyes
sociohistóricas, al retomar en la lógica real del movimiento
social las regularidades de estos procesos, y
fundamentarse en el plano teórico la relación sujetoobjeto
mediada por la actividad práctico material del
sujeto histórico. Así, para Marx, la historia universal
es el producto del hombre por el trabajo. Por ello, la
existencia cultural del hombre debe ser comprendida
en el curso de su autodesarrollo, en la complejidad
de los nexos productivos, laborales, físicos y vitales
del sujeto social. Estos nexos manifiestan la consecuencia
de la acción humana vista en el proceso de
desarrollo. El vínculo que expresa la medida de la acción
creadora del hombre sobre la naturaleza y el
proceso de esta actividad, así como sus resultados
conforman el mundo cultural humano (Paz-Sánchez,
1987).
En dicho contexto, en la teoría materialista dialéctica
del análisis de la cultura el concepto de actividad
es un elemento esencial por que refleja el vínculo entre
la influencia social y la forma en que el individuo
incorpora esta influencia en su ser y cómo materializa
este proceso en su práctica diaria.
Ahora sí podemos entender la razón por la que
hablamos de cultura física como eje central y disciplinar
de nuestro estudio. Apoyados por la idea de
Paz-Sánchez (1987), el enfoque dialéctico materialista
de la cultura descubre los nexos y las mediaciones
diversas derivadas de la vida material de la sociedad
en el transcurso de la lógica real que dibuja
la actividad práctica material y social de los hombres.
En este enfoque asumimos que la “cultura como
actividad humana”, es la unidad dialéctica determinada
objetivamente en la actividad precedente, y
como actividad inmediata del sujeto histórico, es un
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El debate necesario entre educación física, la cultura física y…medio a través del cual éste, como totalidad concreta
realiza su propia vida creando las condiciones
reales de existencia material y con ello el camino de
su transformación.
Es decir, el elemento esencial de la cultura es la
actividad humana. La cultura es actividad humana.
Esto significa que la cultura es el vínculo de la expresión
humana en su dimensión material y espiritual
como producto de la influencia de los demás
hombres en el individuo en un contexto histórico
determinado. Esto significa que esta influencia de
los demás hombres ocasiona un cambio, una transformación
en el individuo en forma más o menos
permanente que va a ser parte esencial del repertorio
del individuo durante su vida, en su forma de ser
y de actuar.
Así, la cultura física aparece como un tipo de actividad
humana que se materializa en el propio sujeto
histórico (Paz-Sánchez, 1987). Esto significa que si
bien la cultura constituye un resultado, como lo se-
ñalamos arriba, éste permite al sujeto reproducir su
actividad de acuerdo a los prototipos y estereotipos
culturales incorporados.
Por ello, el concepto de actividad nos ayudará a
incluir más adelante la categoría de actividad física
como objeto de estudio de la cultura física.
La cultura física
El concepto de cultura nos remite a un concepto
ligado a la colectividad y al individuo como un todo
de influencia recíproca.
Si hablamos de la cultura física no debemos de
perder de vista el carácter social del concepto, por lo
que debe estar dirigida a inculcar valores y estilos de
vida (hábitos) en la población para la práctica de la
actividad física y no del físico (el cuerpo), por que de
ser así, estaríamos hablando de la estética corporal,
que lleva al sedentarismo, con sus implicaciones adversas
para la salud.
Además, la categoría de cultura física fundamenta
el carácter humano de la actividad física, le quita la
limitación biológica del concepto, la saca de los límites
del cuerpo. También es más amplio que el concepto
de educación física por que la educación física
definiría (de acuerdo a sus raíces etimológicas) “la
educación del cuerpo”, con serios cuestionamientos
implicados como por ejemplo: ¿el cuerpo se educa o
se educa el ser humano? Por ello, la categoría de cultura
física dimensiona la conexión del cuerpo con el
nivel más desarrollado del ser humano: la cultura, y
la ubica en el carácter socio histórico del mismo. Que
el cuerpo humano no tiene características físico biológicas
por sí mismo, sino que es producto-productor
de la historia social, y que por lo mismo su estado
y desarrollo requieren de la relación e influencia
de los demás seres humanos, es un principio esencial
en la teoría de la cultura física.
Como señala Pedraz de la cultura física (1997), la
cultura puede referirse al aspecto intelectual, y el aspecto
físico se refiere al cuerpo. Si embargo, “todas
las producciones de la cultura son siempre resultados
de los actos de los hombres y no de sus cuerpos
o de sus intelectos separadamente... a la vez todos
los productos del hombre configuran su comportamiento
corporal intelectivo a la vez”. Es decir, el ser
humano es un ser integrado, no separado. El cuerpo,
la mente y el movimiento son un todo y sólo en casos
excepcionales de disfunción pueden estar separados.
Para el análisis de la cultura física podemos considerar
sus distintos elementos, de acuerdo a la propuesta
de Pedraz (1997), quien analiza en forma detallada
muchas de las formas en que se manifiesta la
cultura física, y cómo a partir de ésta se generan diferentes
estilos de vida.
La teoría de la cultura física, como explicamos anteriormente
en el estudio de la cultura, también analiza
los mecanismos sociales por los que se legitiman
determinadas manifestaciones y formas culturales y
se deslegitiman otras (Pedraz, 1997).
La cultura del cuerpo, definiéndola con base en su
etimología, puede tener dos acepciones: 1) como
manifestación humana propiamente y 2) como disciplina
científica que estudia esta manifestación.
La primer acepción de la cultura física como manifestación
humana se refiere propiamente a la cultura
corporal, que se ha definido como el conjunto de conocimientos
adquiridos, vinculados al deporte, a la
educación física y a la recreación física, así como al
sistema de métodos y procedimientos de los que se
valen (Paz-Sánchez, 1987). En dicho sentido, Pedraz
(1997) considera desde esta dimensión, que la cultura
corporal está constituida por los modelos de conocimiento
desarrollados, por las normas establecidas
de convivencia y por los modos de sensibilidad.
La define de la siguiente manera:
“conjunto de saberes, creencias, valores, leyes, reglas, hábitos,
prácticas, usos, actitudes, esquemas perceptivos y representativos,
sensibilidades, utensilios, aparatos, etcétera, adquiridos
o construidos por el hombre que están directamente
determinados por acciones corporales y que, a la vez, son
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físicas); muy especialmente todo aquello que contribuye
a configurar su cuerpo: su morfología física y su morfología
simbólica o representativa”.
Lo valioso de esta definición es que centra los elementos
de la cultura en la dimensión corporal y lo
concibe multidireccionalmente, es decir, el cuerpo
como productor y como producto, en influencia recí-
proca. Así, aunque centrada en el cuerpo, no se limita
a él, por que la cultura física representaría la estructuración
corporal y simbólica. Un ejemplo queda
de manifiesto en la persona que practica el físicoculturismo,
en el que la cultura física no sólo comprende
su cuerpo sino la serie de hábitos (de actividad fí-
sica, alimenticios), valores y acciones producidas o
reproducidas por él; los cambios en su manera de
pensar y de percibir su cuerpo a partir de dichas estructuras
corporales y simbólicas. Una persona que
practica esta actividad física no sólo cambia su cuerpo,
sino las representaciones que tiene sobre él y sobre
el de los demás. Se considera más fuerte, estéticamente
mejor, y los demás también estructuran sus
propias ideas a partir de la percepción que tengan
sobre de este resultado corporal (es agradable, fuerte,
fanfarrón, presumido, engreído, etc.).
Desde esta óptica, retomando a Pedraz (1997), la
cultura física incluye la forma en que nos paren, amamantan,
acarician, hablan, acuestan o desnudan; así
como la forma en que nos incluyen o excluyen por
criterios que tienen que ver con nuestro cuerpo:
nuestro aspecto, altura, fuerza. Todo esto nos construye
como varones o mujeres, groseros o refinados,
desaliñados o limpios, tímidos o extrovertidos, feos
o guapos; y que todos estos modelos simbólicos y
comportamentales nos ubican en una cultura física
dominante porque todo lo anterior son modelos y
modos de organizarse social e históricamente, en
función de las clases sociales dominantes y dominadas
y de las ideologías resultantes.
La segunda acepción de la cultura física la refiere
como cuerpo de conocimientos científicos o como
ciencia. Por ejemplo, O´Farril-Hernández (2001) asume
a la teoría de la cultura física como la bisagra entre
las ciencias aplicadas a la actividad física. Esta
posición me parece más sensata y fundamentada.
Este mismo autor incluye como objeto de estudio “el
perfeccionamiento del individuo a través del ejercicio
físico organizado y sistemático”. Sin embargo, no
estamos de acuerdo con asumir esta propuesta, en
primer lugar porque el carácter idealista del “perfeccionamiento”
humano es muy relativo y no nos dice
mucho.
A diferencia de la anterior propuesta, nosotros establecemos
a la actividad física como el objeto de estudio
de la cultura física. Para fundamentar esto, ya
dijimos en el apartado anterior que en términos
esenciales la cultura física es una actividad humana.
Ahora bien, nuestra diferencia con O´Farril- Hernández
estriba en que para nosotros la definición de
nuestro objeto de estudio (la actividad física) incluye
“el desarrollo de las potencialidades” (Reynaga-Estrada,
2001), lo cual le da un carácter más humano y
operativo como argumentaremos más adelante en la
definición de nuestro objeto de estudio. Así, el perfeccionamiento
del ser humano, o el desarrollo de
sus potencialidades es más bien el objetivo de la actividad
física, no su esencia.
Para O´Farril-Hernández (2001), la teoría general
de la cultura física sería la “ciencia que rige las leyes
generales y la dirección del desarrollo y perfeccionamiento
físico del ser humano por medio de los ejercicios
físicos y que nos permiten arribar a conclusiones...”.
Sin embargo, más adelante confunde esta definición
con la de teoría del deporte.
Así pues, estamos de acuerdo en que la teoría de
la cultura física (que sería el estudio y explicación,
propiamente, de la cultura física como hecho), revela
las leyes generales que rigen el proceso de desarrollo
y perfeccionamiento de las capacidades físicas
en el curso de la actividad práctico material (PazSánchez,
1987).
Con estas definiciones expresadas, podemos concluir
que como disciplina científica, la cultura física
es una teoría científica que aplica un conjunto de
métodos y procedimientos para analizar y explicar el
conocimiento relacionado con la actividad física o
acción motriz (que incluye al deporte, a la educación
física, a la recreación, etc.). En dicho sentido, se explica
el proceso de desarrollo humano en el que incide
la actividad física; cómo influye ésta en el perfeccionamiento
de las capacidades humanas por la
actividad misma. Pero, además, nos ayuda a diferenciar
entre el nivel cultural de la actividad física y el nivel
educativo de la educación física, como explicamos
en apartado previo.
El concepto de “disciplina científica” nos remite a
la categoría de ciencia, que entre otros elementos, se
rige por la definición del objeto de estudio propio
(Hernández- Moreno, 1990). De cualquier forma, si
analizamos las anteriores definiciones sobre la teoría
de la cultura física encontramos que la categoría bá-
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El debate necesario entre educación física, la cultura física y…sica a la que se refieren como objeto e estudio es la
actividad física.
Nuestro planteamiento se asume en forma diferente
en el sentido de establecer a la cultura física no
como una “ciencia”, ni tampoco como “ciencias”, sino
como una disciplina científica, cuyo objeto de estudio
sería propiamente a la actividad física, en efecto,
compartida por diferentes disciplinas en donde
confluye la cultura física. Esto en tanto no se fortalezcan
nuestros intentos de generar un objeto de estudio
propio.
Así, como se muestra en la tabla 1, el objeto de estudio
de la Cultura Física es la actividad física, y en
este objeto confluyen distintos niveles de la realidad,
y por ende, distintas disciplinas. Entre los niveles
que confluyen en la actividad física están los aspectos
físicos, filosóficos, educativos, sociológicos, históricos,
psicológicos, culturales, económicos, etc., y
las disciplinas que estudian estos fenómenos estarían
representados por la educación física, la fisiología
del ejercicio, la sociología del deporte, la psicología
de la actividad física y del deporte, etc. Esta idea
está apoyada en Brooks (1981).
Nosotros pensamos que la actividad física no
puede considerarse una ciencia como lo asume Hernández-Moreno
(1990), pero sí podemos utilizar a la
teoría de la cultura física como el eje integrador de
diferentes niveles de la realidad que confluyen en la
actividad física: desde la física, la biomecánica, la fisiología,
la educación y la psicología. Al respecto,
señala Paz-Sánchez (1987) que “a los niveles estructurales
se asocian un conjunto de aspectos que adquieren
(para cada nivel) un comportamiento, función
y objetos específicos concretados en metateorías
que cada nivel elabore, aspectos de carácter administrativo,
organizativo, socio- psicológico, estético
y ético”.
De esta manera, la actividad física, insistimos, se
constituye como el objeto de estudio de la cultura fí-
sica y de otras disciplinas como las que anteriormente
mencionamos para analizar los distintos niveles
de la realidad de este objeto de estudio. Es decir, es
un objeto de estudio compartido por otras ciencias,
por lo que “no podemos afirmar que en el ámbito de
las ciencias se contemple aún la especialidad cientí-
fica consagrada específicamente a la actividad física...”
(Hernández-Moreno, 1990).
La actividad física
Aunque existen aproximaciones previas a este trabajo,
que pretenden establecer a la actividad física
como ciencia, no compartimos esta idea, pero sí es
importante retomar la intención de formalizar y establecer
fundamentos científicos y profesionales a
nuestro quehacer. Por ejemplo, Hernández -Moreno
(1990) propone establecer a la actividad física como
ciencia, en donde se organizaría a las “ciencias de la
actividad física” factuales y práxicas. Sin embargo,
este autor considera que el objeto de estudio es
compartido por múltiples disciplinas, lo cual se
opondría a la idea de determinar un objeto de estudio
propio para esta ciencia como tal.
Además, otra limitación de esta propuesta es que
confunde el supuesto objeto de estudio (la actividad
física) con otros conceptos como el ejercicio, el entrenamiento,
la acción motriz, la conducta motriz, el
movimiento humano, el deporte, etc., o, al menos,
no los aclara y distingue.
Un elemento clave de la actividad física es la intencionalidad
(Reynaga, 2001); y queda claro que en
el movimiento por sí mismo “se puede separar en su
intencionalidad” (Alurralde, 2003). Esta intencionalidad
determina de hecho el tipo de movimiento, de
acuerdo a su estructura, duración, intensidad, frecuencia,
etc.
La actividad física representa un concepto esencial
para el análisis del movimiento humano, desde
el deporte, el juego y el ejercicio, hasta la recreación,
etc.
En la teoría de la cultura física, con la perspectiva
histórica-dialéctica, la actividad física o movimiento
humano, no pueden estar separados de la historia
humana. Desde el desplazamiento corporal en dos
extremidades hasta la forma de utilización de las manos
para la escritura, o cualquier otra actividad, están
determinadas por las condiciones materiales, sociales
e históricas del ser humano. Por ejemplo, acerca
del desplazamiento en dos extremidades no es el
mismo tipo de actividad si el sujeto era un homínido
o una persona del siglo veintiuno, si usa zapatos o
no, si sube montañas o no. En forma similar, no es el
mismo movimiento el que realizaba una persona que
escribía con pluma en el siglo XVIII y el que realiza
una persona que escribe en computadora actualmente.
Estas son las condiciones materiales, sociales e
históricas a las que nos referimos. El calzado, la pluma
y la computadora son productos de estas condiciones
humanas que el mismo hombre ha creado y
que le determinan. Los estudiosos de la cultura física
debemos de considerar a tales elementos y sus
conexiones con la actividad física y la cultura. Al respecto,
coincidimos con Susser (1982) en el sentido
de que “se puede enseñar a los niños a caminar y hablar,
pero el modo de hacerlo y el lenguaje que se
aprende con impuestos por la sociedad en que nacen”
no sólo refiriéndonos al contexto geográfico, sino
incluso al histórico- cultural, que fue nuestro
ejemplo.
La influencia histórica y social en la cultura física
queda plasmada en la construcción de gustos (de actividad
física en nuestro caso), porque responde a
factores de identificación y distinción social de los
que “no se puede excluir...el poder económico”. Es
claro que la clase dominante impone sus gustos y
gestos en las diversas actividades físicas, siguiendo
las dinámica de las tensiones sociales mediante la
colonización cultural (Pedraz, 1997).
Sabemos que el estilo de vida deportivo dominante
tiende a destruir otras formas de expresión corporal
no burguesas como las suburbanas o rurales que
son cultura física popular y resisten los embates de
la cultura dominante. Así, el deporte en nuestras sociedades
actuales se manifiesta como gran colonizador
de la cultura física: se extiende a todos los pueblos
de la tierra llevando modelos de actividad que
no les son propios; rompiendo actividades físicas
tradicionales que nacieron de prácticas arraigadas a
la realidad social de los pueblos en que se desarrollaron
y que cumplían una función de interacción con
el ambiente natural y social (Pedraz, 1997).
Por estas razones el promotor de la cultura física
también debe ser conciente del papel social que está
jugando: Si es aliado del poder dominante o de la
cultura física popular. Como señala Pedraz (1997): se
trata de discutir el valor etnológico, social y emocional
de dichas prácticas tradicionales y populares, no
de conservarlas como piezas de museo
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